Pareja

Incorporo el tema pareja como parte fundamental de este sitio pues considero que, en muchas ocasiones, el abordaje por separado de las cuestiones atinentes a la sexualidad y a la pareja en general (conflictos, discusiones, tensiones, etc.) prolonga los plazos de tratamiento y, frecuentemente, complica la solución de uno u otro tema.

Ya los griegos hablaban de un amor erótico (eros), un amor de intercambio comunicacional (filia) y un amor en donde prima el compromiso (ágape). Sin pretender agotar aquí el tema del amor, podemos decir que estas tres dimensiones están presentes, en diferentes proporciones, a lo largo del ciclo vital de la pareja.

Algunas parejas sólo se agotan en un eros fugaz y fulminante, sin compromiso y con escasa comunicación.

Otras parejas dejan decaer su eros y priorizan la parte comunicacional y el compromiso a largo plazo.

No hay parejas clasificables. Hay personas que intercambian, muchas veces inconscientemente, afinidades, expectativas, sensaciones, pensamientos, caricias, visiones, pareceres, placeres y sufrimientos.

En esta academia de la vida que suele ser la pareja, no todas las “materias” son fáciles de resolver.

Aunque no nos demos cuenta, el inicio de muchos intercambios y afinidades adultas tienen su origen en el pasado. Poco después del nacimiento diversas sensaciones imprimen mensajes sensoriales, olores, visiones, sensaciones táctiles y emociones, que nos acompañan durante toda la vida.

Estos “mapas del amor” iniciales se van modificando a medida que avanza el proceso de crecimiento y desarrollo durante la primera y segunda infancia.

La explosión hormonal de la pubertad y adolescencia modifica y agrega nuevos componentes.

A partir de aquí, con el mapa del amor ya completo, uno busca (y encuentra) a su par. Al sincronizar, erótica o comunicacionalmente, se produce el enamoramiento o el flechazo inicial. En este período, se producen múltiples mediadores químicos responsables de las sensaciones profundas (y a veces contradictorias) en que se encuentran inmersos los enamorados.

Durante esa etapa las expectativas que se depositan en la otra persona son excesivas. No se puede ver al otro tal cual es, pues se lo idealiza.

Pasado un año y medio o dos descienden los mediadores químicos responsables del enamoramiento y aparecen otros (las endorfinas). Estas sustancias provocan una sensación de bienestar, sin tanta euforia. La imagen que se empieza a tener del otro es más consciente y menos idealizada.

Comienzan a surgir incomodidades por las actitudes que antes no se veían, se detectan incoherencias y contradicciones y puede cambiar la sexualidad. Los conflictos pueden ser más frecuentes.

Tal cual la navegación en un río que atraviesa montañas; la pareja pasa por sectores tranquilos, bruscamente encuentra desniveles y piedras. En algunas ocasiones pasa por zonas de vértigo y luego se sumerge en remansos tranquilos. El buque imaginario que los traslada golpea a veces con la orilla, pareciendo en ocasiones quedar estancado en remolinos. Luego existe la sensación de retomar el camino correcto.

Si el recorrido continúa, aparecen los compromisos y los factores deserotizantes(o antieróticos). El trabajo y sus dificultades, el dinero, los conflictos con las familias de origen, la visión de la crianza de los hijos, la toma de las decisiones, las dudas respecto a las variaciones de la sexualidad, son algunos de los obstáculos que encuentran.

Sortear casi todas las dificultades no asegura querer continuar el viaje; pero establece una sensación de fortaleza propia y confianza en el compañero/a de viaje.

Algunos se bajan del recorrido antes, mucho antes…Otros siguen a pesar de las dificultades, otros niegan que el núcleo de lo que llamaron amor se dañó mucho y persisten en la travesía por inercia.

Sea el recorrido que sea, todos pasamos por esta maestría que es, a veces, la relación de pareja.

A través de ella podemos aceptar o negar nuestras propias realidades. Podemos decidir echar culpas, eludiendo responsabilidades, o crecer y evolucionar a través de los dolores y las crisis.

Podemos llegar a reconocer patrones infantiles, de abuso emocional inflingido o aceptado, como réplica de una relación disfuncional entre nuestros padres.

En otras ocasiones los celos y la posesividad nos muestran el camino de nuestras inseguridades, de nuestra baja autoestima o de conductas infantiles no reconocidas.

Muchas veces la dependencia emocional, la adicción al amor y la codependencia nos muestran como dejamos de ocuparnos de nosotros mismos para obsesionarnos en controlar la conducta del otro, cuidando más de esa persona que de nosotros mismos.

Y así nos sentimos vacíos, descubriendo finalmente, que  la única realidad posible es decidir estar mejor UNO MISMO. La otra persona, por muy significativa que sea en nuestra vida, puede decidir cambiar o no.

Es por eso que en la pareja se dan diferentes posibilidades: La de afianzar un maravilloso proceso de desarrollo personal y de crecimiento conjunto, la de atravesar diversos purgatorios o la que nos envía directamente al infierno de la violencia.Si la pareja sigue, ambos se acompañan en el viaje de desarrollo personal. Si la pareja termina, la experiencia puede ayudarlos a mejorar en la próxima.

La decisión de solicitar ayuda es personal. Es decidir (yo) crecer y mejorar. Este es el objetivo del acompañamiento terapéutico o la consejería de pareja.

Una de las preguntas de cualquier disfunción sexual en relación a los conflictos de pareja es saber cuál es la causa y cuál la consecuencia.

Hay una gran variedad de temas que iré proponiendo en esta sección.

Espero que los lineamientos puedan ser de utilidad para iluminar algunos tramos no tan claros en el sendero de las parejas.

Deseo les sirva de la mejor manera…

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